Cavendish
Cavendish era un auténtico aristócrata. Descendía por una parte de los duques de Devonshire y por otra de los duques de Kent. A los dos años, murió su madre. Su padre lord Cavendish lo reclutó como ayudante de laboratorio. Al joven Cavendihs le agobiaba una cosa: su voz peculiar, chirriante, con la que tan sólo articulaba algunos balbuceos. Por ello desarrolló un rechazo a charlar con otras personas, lo cual le llevó a tener aversión hacia cualquier tipo de contacto con la gente. A los hombres los ignoraba, y de las mujeres huía tapándose los ojos. A los cuarenta años heredó una de las mayores fortunas de Inglaterra y se trasladó a una casa de campo a las afueras de Londres. Convirtió casi todas las habitaciones de la casa en grandes laboratorios y utilizaba la entrada lateral para no encontrarse con los visitantes y sirvientes. Siempre cenaba solo. Además, cuando salía a pasear por la calle, cosa que no era muy frecuente, vestía con ropas viejas, lo cual llamaba la atención a los otro...